Un viaje con propósito: Barcelona y Gironare traveling
Un nuevo enfoque para viajar
Mi nombre es Lucía Fernández, tengo 32 años y viajar es mi mayor pasión. Sin embargo, en los últimos años comencé a preocuparme por el impacto que mis viajes tienen en el planeta. Fue entonces cuando me topé con la EcoBonus Pass de Teslot, una tarjeta de descuentos que no solo promete ahorrar dinero, sino también apoyar proyectos ambientales. Decidí probarla en mi próximo destino: Barcelona.
Mi llegada a Barcelona
Aterrizar en esta ciudad fue como entrar en un mundo lleno de color y vida. Mi itinerario para el primer día era simple: explorar la ciudad sin prisas y disfrutar de su increíble gastronomía. Después de instalarme en mi alojamiento, comencé mi recorrido por la Plaza Cataluña, uno de los corazones palpitantes de Barcelona.
Decidí que ese día sería más para caminar y observar. Sin embargo, para el almuerzo, elegí un pequeño restaurante local llamado El Rincón de Catalunya, que aceptaba la tarjeta EcoBonus Pass. Pedí una deliciosa fideuá (similar a la paella, pero con fideos), y me llevé una grata sorpresa: con el descuento, pagué un 10% menos. Fue una comida sencilla, pero con mucho sabor, y el personal del restaurante me habló sobre cómo también estaban comprometidos con prácticas más sostenibles, como reducir los plásticos en su cocina.
Tarde de exploración
Después del almuerzo, me dirigí al famoso Parque Güell, una de las atracciones más icónicas de la ciudad. Aquí no hubo descuentos con la EcoBonus Pass, pero no me importó. Pasear entre los coloridos mosaicos y las impresionantes estructuras diseñadas por Gaudí fue una experiencia mágica.
Más tarde, mientras caminaba hacia el Barrio Gótico, decidí parar en una cafetería para probar el típico chocolate caliente con churros. Este lugar no estaba afiliado al programa de la tarjeta, pero me encantó cómo combinaba un ambiente acogedor con detalles históricos.
La cena perfecta
El día terminó con una cena exquisita en el restaurante Terra de Sabors, ubicado cerca de la playa de la Barceloneta. Este restaurante sí formaba parte del programa de la EcoBonus Pass, y fue una experiencia inolvidable. Pedí una cena a base de productos frescos del mar, y el descuento del 10% fue un detalle extra que aprecié. El lugar, además, tenía un compromiso admirable con la pesca responsable y el uso de ingredientes locales.
Reflexiones al final del día
Ese primer día en Barcelona me dejó una sensación de equilibrio. Pude disfrutar de la ciudad, ahorrar un poco y contribuir a un proyecto más grande: el cuidado del medio ambiente. La EcoBonus Pass no fue útil en cada lugar, pero eso la hizo aún más especial, ya que cuando la usaba, sabía que estaba apoyando negocios comprometidos con un propósito similar al mío.
Un día entre historia y paisajes en Girona
Después de un día lleno de emociones en Barcelona, decidí embarcarme en una excursión a Girona, una ciudad que siempre me había llamado la atención por su aire medieval. Aunque mi enfoque principal era disfrutar de la historia y la arquitectura, también llevaba en mente aprovechar la EcoBonus Pass si surgía la oportunidad.
Llegada a Girona
Tomé un tren temprano desde Barcelona, y en menos de 40 minutos estaba frente a los imponentes muros medievales de Girona. Al caminar por el casco antiguo, cada rincón parecía sacado de un cuento. Mi primera parada fue la Catedral de Santa María, un símbolo de la ciudad, con su escalinata majestuosa. No había descuentos aquí con la EcoBonus Pass, pero entrar y admirar su nave gótica (una de las más grandes del mundo) valió cada céntimo.
Luego de recorrer el Barrio Judío y perderme entre sus estrechas calles, encontré una pequeña tienda de recuerdos. Aunque tampoco aceptaban la tarjeta, el propietario me contó con entusiasmo sobre cómo Girona busca preservar su esencia histórica mientras avanza hacia prácticas más sostenibles, como el uso de energías renovables en muchos de sus edificios emblemáticos.
Almuerzo en un rincón especial
A la hora del almuerzo, busqué un lugar acogedor para probar la comida típica de la región. Elegí un restaurante local llamado Can Calet, donde pude utilizar mi EcoBonus Pass para obtener un descuento en el menú del día. Probé un delicioso plato de escudella i carn d’olla, un guiso tradicional catalán, acompañado de pan rústico y un postre casero. El lugar estaba decorado con elementos que reflejaban la cultura local, y la atención fue tan cálida que sentí como si estuviera comiendo en casa de un amigo.
Tarde en el puente y más
Después de almorzar, caminé hacia el famoso Puente Eiffel, una estructura de hierro rojo diseñada por Gustave Eiffel antes de construir su torre en París. Este puente conecta el casco antiguo con la parte moderna de la ciudad y es un excelente lugar para tomar fotos. Pasé un buen rato ahí, observando el río Onyar y las casas coloridas que lo bordean.
Para cerrar el día en Girona, me detuve en una pequeña cafetería artesanal, donde probé un café con leche y pastel de nueces. Aquí tampoco se aceptaba la EcoBonus Pass, pero me llevé una interesante charla con la barista sobre cómo el turismo puede ser una herramienta para preservar tradiciones locales.
De vuelta a Barcelona
Regresé a Barcelona al atardecer, con la satisfacción de haber descubierto una ciudad encantadora y haber aprendido más sobre cómo pequeñas acciones pueden tener un impacto significativo en las comunidades locales.
Relajación y conciencia ambiental en la costa catalana
Después de un par de días explorando el bullicio y la historia de Barcelona y Girona, decidí terminar mi viaje con un toque de relax en la costa catalana. Las playas de la región prometían ser el final perfecto para este viaje con propósito, y la EcoBonus Pass seguía siendo mi aliada para descubrir más lugares y apoyar proyectos ambientales a lo largo de mi ruta.
El encanto de la Costa Brava
Mi destino final fue la Costa Brava, un paraíso de aguas cristalinas y paisajes rocosos que parecen sacados de una postal. Después de recorrer varios pueblos costeros como Tossa de Mar y Calella de Palafrugell, llegué a Platja d’Aro, conocido por sus playas de arena dorada y su ambiente relajado.
Aquí, decidí tomar un descanso en una terraza frente al mar y, aunque no había descuentos con la EcoBonus Pass, el simple hecho de estar frente al mar y escuchar el sonido de las olas me recordó por qué viajar tiene un impacto tan profundo. Además, durante el paseo por el puerto, vi varios carteles que indicaban cómo la región estaba trabajando en iniciativas de conservación marina, lo cual fue muy alentador.
Cena exquisita con un toque ecológico
Para la cena, me dirigí a un restaurante recomendado por locales: El Refugio del Mar. Este encantador lugar, especializado en mariscos frescos, me ofreció una experiencia gastronómica única. Y aquí, por fin, la EcoBonus Pass fue mi aliada una vez más. El restaurante aceptaba la tarjeta, y pude disfrutar de un arroz de mariscos delicioso con un descuento del 10%. El ambiente relajado y el compromiso del restaurante con la pesca sostenible hicieron que la cena fuera aún más memorable. Durante la velada, conversé con el chef sobre las iniciativas que el restaurante apoyaba para minimizar su impacto ambiental, lo cual me pareció fascinante.
Reflexiones finales
Al día siguiente, antes de regresar a Barcelona para tomar mi vuelo de regreso a casa, me senté en la orilla de la playa, con los pies en la arena y una sensación de plenitud. Este viaje no solo me permitió descubrir lugares asombrosos, sino también ser más consciente del impacto que nuestros viajes pueden tener en el medio ambiente. La Ecobonus Pass, con sus descuentos en restaurantes y la contribución a proyectos ambientales, se convirtió en una forma de hacer mis viajes más responsables.
¿Qué sigue?
Al regresar a casa, me encontré reflexionando sobre cómo los pequeños cambios en mis hábitos pueden ayudar a crear un futuro más sostenible. La EcoBonus Pass es solo el comienzo de un viaje más grande, uno donde todos podamos aportar algo positivo mientras seguimos explorando el mundo.
Conclusión del viaje
Este viaje me enseñó mucho más de lo que imaginaba. No solo disfruté de paisajes impresionantes y descubrí la cultura catalana, sino que también aprendí sobre el poder de elegir conscientemente dónde gastamos nuestro dinero y cómo nuestras decisiones pueden apoyar un mundo más verde. Estoy feliz de haber elegido la EcoBonus Pass como mi compañera de viaje, y sin duda seguiré utilizando esta herramienta en mis próximos destinos.
Final
El viaje terminó, pero el impacto que cada paso deja sigue. ¡Nos vemos en la próxima aventura, con más propósito y más consciente del mundo que tenemos que cuidar!